En el restaurante donde trabajo hacemos cenas con cocineros reconocidos del medio, esta vez le tocó el turno a Marilú Madueño, del restaurante La Huaka Pucllana, y me mostró un rostro diferente de la cocina... calmado, relajado, cuidadoso, detallista.
Platos armoniosos y bien cuidados, en todo sentido.
Cocina cálida, como ella.
Gran noche. Gente contenta. Buenas personas. ¿qué más se necesita?