Quién no ha comido unos tallarines verdes, que los italianos no reconocerían, tan caseros que saben a abuela?
Y si una sábana generosa los cubre, es simplemente una experiencia religiosa (aunque odie a Enrique Iglesias).
Un plato tan cautivador como un beso de mamá llegando del colegio, tan cálido como un abrazo en invierno... tan peruano y nuestro y mestizo como nosotros mismos...
Simplemente, es.