Nunca fui muy amigo de los postres (a la hora de hacerlos, claro... comerlos es otra cosa), pero este verano me tocó ser el encargado de hacerlos... y aunque son sólo 3, y muy sencillos, al principio no me gustaba mucho la idea.
Fueron pasando los días, y fui puliendo detalles y se me fue haciendo cada vez más fácil hacerlos... incluso empecé a encontrarle el gusto.
Obviamente, más me llena estar en el pase y dirigir la cocina, o sacar uno que otro plato (salado), pero siento que ha sido un buen verano... donde descubrí una pasión un tanto oculta por la repostería.
Creo que de ahora en adelante, si bien voy a seguir en lo mío, en la cocina salada, voy a ponerle un poco más de atención a la parte dulce de la restauración, quizás investigando un poco más, o experimentando en ese mundo.
Al fin de cuentas, tanto el mundo salado como el dulce se complementan.... así que agradezco estas revelaciones de verano.
Toca ponerle un poco de dulce a la vida.
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